Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares VII. Se le dio, de niño, el sobrenombre de Turino, bien en recuerdo del origen de sus mayores, o bien porque, poco después de nacer él, su padre Octavio había obtenido un gran éxito en la región de Turio contra las bandas de fugitivos. Puedo afirmar con ciertas garantías que fue llamado Turino, gracias a haber conseguido una antigua estatuilla que representa, en bronce, a Augusto de niño, en la que estaba inscrito este nombre con letras de hierro, medio gastadas; yo se la regalé al emperador[8] y él la venera ahora entre los dioses Lares de su alcoba. También Marco Antonio en sus cartas le llama frecuentemente «Turino» a modo de insulto, y él, a su vez, contesta que no puede menos de sorprenderse de que se le refriegue como una injuria el primer nombre que tuvo. Después de adoptar el sobrenombre de Cayo César y luego el de Augusto, el primero por el testamento de su tío abuelo materno y, el segundo, por decreto de Munacio Planco, a pesar de que algunos opinaban que sería más adecuado que se llamase Rómulo —pues de algún modo también él era fundador de la ciudad—, prevaleció que se le denominase Augusto, no tanto como un nombre nuevo, sino como más solemne, puesto que también los recintos religiosos, aquellos en los que después de tomar augurios se consagra alguna cosa, se llaman augustos; este término proviene de auctus o bien de avium gestus vel gustus[9], como nos explica el propio Ennio, cuando escribe: