Balada de pájaros cantores y serpientes (Los juegos del hambre 4)
Balada de pájaros cantores y serpientes (Los juegos del hambre 4) El sabor de la victoria se desvanece rápido. Cuando los vÃtores se apagan, solo queda la sospecha. El decano Highbottom, frÃo y metódico, llama a Coriolanus a su oficina. No lo acusa directamente, pero deja caer el peso de una verdad velada.
—Tu intervención fue… irregular —dice con una sonrisa envenenada—. ¿Te parece justo que un mentor manipule los Juegos?
Coriolanus intenta justificarlo. Pero sabe que lo han atrapado.
El castigo no tarda: es enviado como aprendiz de pacificador al Distrito 12. Una degradación disfrazada de servicio. Una sentencia que busca borrarlo del mapa.
En el tren hacia el distrito más pobre de Panem, lo acompaña Sejanus Plinth, el hijo del millonario que compró su entrada al Capitolio. Sejanus lo admira, lo respeta… pero también lo cuestiona.
—No todo puede ser poder, Coryo. Hay cosas más importantes —dice.
Pero Coriolanus solo ve en esa frase una debilidad.
El Distrito 12 lo recibe con barro, carbón y silencio. La estación está corroÃda por el óxido. Las calles huelen a desesperanza. Es una tierra que no se rinde, pero que tampoco sueña.
