Balada de pájaros cantores y serpientes (Los juegos del hambre 4)
Balada de pájaros cantores y serpientes (Los juegos del hambre 4) El dÃa de la cosecha está por llegar. Y con él, la oportunidad. La Academia ha anunciado que los mejores alumnos serán mentores de los tributos en los Juegos del Hambre. No es un honor cualquiera: es una puerta al poder, una posibilidad de que el apellido Snow vuelva a resonar en los pasillos de la élite.
Pero el dÃa comienza con hambre. Con sopa de col y ropa remendada. Con una camisa de su padre, decolorada por el tiempo, que Tigris—su prima y única aliada—intenta convertir en algo digno. Tigris es su sostén silencioso, una joven desgastada por la necesidad pero aún llena de ingenio. Ella transforma lo viejo en elegancia, y le entrega a Coriolanus la herramienta más crucial: la ilusión de riqueza.
—Eres un genio —dice él, viendo la camisa arreglada—. Y la mejor prima del mundo.
Tigris sonrÃe, agotada pero orgullosa. Es más que moda; es supervivencia.
La ceremonia en el Salón Heavensbee reúne a los veinticuatro estudiantes seleccionados. Coriolanus espera un tributo fuerte, manipulable, que lo haga brillar ante los ojos del Dr. Gaul, la temida responsable de la vigilancia académica. Pero el destino no juega a favor: le asignan a la chica del Distrito 12. Lucy Gray Baird.
—¿Qué? —alcanza a decir, sin poder ocultar el desprecio. El 12 no tiene historial de vencedores.
