Los juegos del hambre
Los juegos del hambre Esa noche, el Distrito 11 le envÃa pan.
Rue está muerta, pero su rebelión ha comenzado.
La Arena huele a muerte. Katniss ya no es solo una tributo. Es una amenaza. Su homenaje a Rue ha sido un desafÃo al Capitolio, y lo sabe.
Esa noche, la voz mecánica de los Vigilantes anuncia un giro inesperado: —Se ha modificado la regla del juego. Dos tributos del mismo distrito podrán ser coronados vencedores.
El mundo cambia en un instante. Peeta sigue vivo. Y si lo encuentra, pueden ganar juntos.
Katniss empieza a buscarlo. No tarda mucho en hallarlo: camuflado entre las rocas, cubierto de barro y sangre. Su pierna está infectada, su vida pende de un hilo.
—¿Viniste a rematarme? —bromea con voz débil. —No tan rápido, Mellark —responde ella, agachándose para ayudarlo.
Lo esconde en una cueva y limpia su herida con agua del arroyo. Peeta tiembla de fiebre. Sin medicina, no tiene oportunidad. Entonces, Claudius Templesmith, la voz del Capitolio, anuncia una nueva trampa: —En la Cornucopia les espera algo que todos necesitan.
Katniss sabe que es una trampa. Pero también sabe que Peeta morirá si no lo intenta.
