Los juegos del hambre
Los juegos del hambre —¡Basta! —grita la voz mecánica—. ¡Ganadores del 74° Juegos del Hambre, Katniss Everdeen y Peeta Mellark!
El Capitolio ha perdido.
Pero Katniss no lo sabe aún.
La verdadera batalla apenas comienza.
El aerodeslizador los saca de la Arena, pero Katniss apenas siente alivio. Peeta está a su lado, aún sosteniendo su mano, pero algo dentro de ella se ha fracturado. No son los mismos que entraron en los Juegos.
Cuando despierta, está en una habitación blanca, conectada a cables y máquinas. Su cuerpo ha sido restaurado, su piel es lisa, sin heridas. Como si la Arena nunca hubiera existido. Como si el Capitolio quisiera borrar la verdad.
La puerta se abre. Haymitch entra. Su expresión es grave.
—Metiste la pata, niña —dice, dejándose caer en una silla. Katniss frunce el ceño. —¿De qué hablas? Ganamos. —SÃ, y el Capitolio te odia por eso.
El doble suicidio con las bayas no fue un acto de amor. Fue un desafÃo. Y el Presidente Snow lo sabe.
Peeta la recibe con una sonrisa cuando finalmente se ven. Pero cuando él intenta tomar su mano, Katniss la retira. Peeta la observa, herido.
