Escritos subversivos
Escritos subversivos Obedeciendo las órdenes de Su Señoría, así como para satisfacer mi propia curiosidad, he estado investigando constantemente, durante los últimos días, a Partridge, el fabricante de almanaques, de quien se predijo, en la Predicciones de Mr. Bickerstaff, publicadas hace cerca de un mes, que moriría el 29 del corriente, hacia las once de la noche, de una fiebre rabiosa. Tuve alguna relación con él cuando estuve empleado en la Aduana, porque acostumbraba obsequiarme todos los años con su almanaque, como hacía con otros caballeros, para agradecer algún pequeño favor que le hicimos. Unos diez días antes de su muerte, me encontré con él por accidente una o dos veces, y observé que había empezado a decaer y languidecer mucho, aunque oí decir que sus amigos no lo consideraban en peligro. Hace dos o tres días cayó enfermo, y fue confinado primero en su cámara y después en su lecho, donde el doctor Case y la señora Kirleus fueron enviados para visitarlo y recetarlo. Al enterarme de esto envié tres veces por día a uno u otro sirviente para averiguar por su salud; y ayer, hacia las cuatro de la tarde, se me informó «que no había esperanza». Esto me decidió a visitarlo, en parte por conmiseración y en parte —lo confieso— por curiosidad. Me reconoció muy bien, pareció sorprenderse por mi condescendencia, y me hizo tantos cumplidos como podía, en el estado en que estaba. La gente que lo rodeaba decía que él «había delirado durante algunas horas», pero cuando yo lo vi, su entendimiento estaba tan bueno como lo conocí siempre, y hablaba con vigor y cordialidad, sin ninguna muestra de apremio ni incomodidad.