Escritos subversivos
Escritos subversivos Ante lo cual sacudió la cabeza y dijo: «¡Oh, señor! Este no es momento para burlarse, sino para arrepentirse de esas tonterías, como hago ahora desde el fondo de mi corazón». «De esto puedo colegir —dije yo— que las observaciones y predicciones que usted imprimía en sus almanaques no eran otra cosa que engaños al público». Replicó: «Si fueron otra cosa yo soy el menos indicado para contestarlo. Para estas cosas tenemos un método común. En lo que se refiere a la predicción del tiempo, nunca nos metemos con eso: lo dejamos a cargo del impresor, que lo toma de un almanaque antiguo, a su gusto; lo otro es de mi propia invención, para hacer que mi almanaque se venda, ya que tengo una esposa que mantener y ningún otro medio para ganarme el pan; porque remendar zapatos viejos es un pobre medio de vida. Y —agregó suspirando— espero no haber hecho más daño con mi medicina que con mi astrología, aunque contaba con algunas buenas recetas de mi abuela y mis propias combinaciones fueron calculadas para que por lo menos no hicieran mal a nadie».