Escritos subversivos
Escritos subversivos Cierto gran príncipe[42] convocó un poderoso ejército, llenó sus cofres con infinitos tesoros, armó una flota invencible, todo esto sin informar sobre sus designios a sus ministros más importantes ni a sus favoritos más cercanos. Inmediatamente, el mundo entero se alarmó: los reinos vecinos, en temblorosa expectativa, con respecto al lugar en que estallaría la tormenta; los pequeños políticos, elucubrando en todas partes profundas conjeturas. Algunos creían que proyectaba establecer la monarquía universal; otros, después de mucho meditar, decidieron que el asunto consistía en un proyecto para derribar al Papa y establecer la religión reformada, que una vez había sido la suya. Algunos, más profundamente sagaces, lo enviaban al Asia para someter al Turco y recobrar Palestina. Entre todos estos proyectos y preparativos, un cirujano de Estado[43], percibiendo la naturaleza de la enfermedad por sus síntomas, intentó la cura de un golpe: realizó la operación, rompió la bolsa, y el vapor voló afuera. Pero como no todo tiene completo remedio, el príncipe, infortunadamente, murió en la operación. Ahora el lector arderá de curiosidad por saber de dónde surgió este vapor que tanto atrajo la atención de las naciones. ¿Qué rueda secreta, qué oculto resorte pudo poner en movimiento una máquina tan maravillosa? Más tarde se descubrió que el movimiento de toda esta maquinaria había sido impulsado por una hembra ausente cuyos ojos elevaron una protuberancia, y que antes de la eyaculación fue apartada a un país enemigo.