Escritos subversivos
Escritos subversivos Por ejemplo: si a mi vecino se le antoja mi vaca, contrata un abogado para demostrar que tiene derecho a sacármela. Yo debo entonces contratar a otro para que defienda mi derecho, porque va contra todas las reglas de la ley que a un hombre se le permita hablar por sí mismo[50]. En este caso, yo, que soy el verdadero propietario, cargo con dos grandes desventajas. La primera, que habiendo practicado mi abogado casi desde su cuna la defensa de la falsedad, se halla completamente fuera de su elemento cuando debe abogar por la justicia; como si se tratara de un oficio antinatural, lo intenta siempre con gran torpeza, cuando no con mala disposición. La segunda desventaja consiste en que mi abogado debe proceder con grandes circunloquios[51]: de otro modo sería reprendido por los jueces y aborrecido por sus colegas, como si rebajara la práctica de la ley. Por lo tanto, tengo sólo dos métodos para conservar mi vaca. El primero consiste en sobornar al abogado de mi adversario mediante una doble paga: entonces traicionará a su cliente insinuando que este tiene la justicia de su lado. El segundo medio consiste en que mi abogado haga aparecer mi causa tan injusta como le resulte posible, admitiendo que la vaca pertenece a mi adversario; si esto se hace con habilidad, comprometerá verdaderamente el favor del tribunal.