Escritos subversivos
Escritos subversivos No hay cosa que contribuya más a la reputación de los particulares o al honor de una nación en general, que la construcción y dotación de edificios apropiados para recibir a quienes padecen diferentes clases de desgracias. Allí, el enfermo y el infortunado son liberados de la miseria de socorrerse a sí mismos[59].
Es cierto que el genio del pueblo de Inglaterra se siente firmemente inclinado a las caridades públicas, y en grado tan noble, que casi en todas partes de esta gran y opulenta ciudad, y en muchas de las villas adyacentes, nos encontramos con un gran surtido de hospitales sostenidos por la generosa contribución de las familias privadas, tanto como por la liberalidad del público. Algunos, para marinos estropeados al servicio de su patria, y otros para soldados lisiados y achacosos; algunos, para el mantenimiento de comerciantes decaídos, y otros para sus viudas y huérfanos; algunos, para el auxilio de quienes subsisten bajo el peso de tediosas enfermedades, y otros para los que se hallan privados de su razón.
Pero encuentro, tras una escrupulosa inspección, que existe una clase de caridad casi totalmente olvidada, que me parece, sin embargo, de una naturaleza tan excelente como para ser actualmente más solicitada y mejor planificada que lo que cualquier otra pueda serlo, para el alivio, la tranquilidad y la felicidad de todo este reino. Quiero decir:
Un hospital para incurables