Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Estas gentes son excelentÃsimos matemáticos, y han llegado a una gran perfección en las artes mecánicas con el amparo y el estÃmulo del emperador, que es un famoso protector de la ciencia. Este prÃncipe tiene varias máquinas montadas sobre ruedas para el transporte de árboles y otros grandes pesos. Muchas veces construye sus mayores buques de guerra, de los cuales algunos tienen hasta nueve pies de largo, en los mismos bosques donde se producen las maderas, y luego los hace llevar en estos ingenios tres o cuatrocientas yardas, hasta el mar. Quinientos carpinteros e ingenieros se pusieron inmediatamente a la obra para disponerla mayor de las máquinas hasta entonces construida. ConsistÃa en un tablero levantado tres pulgadas del suelo, de unos siete pies de largo y cuatro de ancho, y que se movÃa sobre veintidós ruedas. Los gritos que oà eran ocasionados por la llegada de esta máquina, que, según parece, emprendió la marcha cuatro horas después de haber pisado yo tierra. La colocaron paralela a mÃ; pero la principal dificultad era alzarme y colocarme en este vehÃculo. Ochenta vigas, de un pie de alto cada una, fueron erigidas para este fin, y cuerdas muy fuertes, del grueso de bramantes, fueron sujetas con garfios a numerosas fajas con que los trabajadores me habÃan rodeado el cuello, las manos, el cuerpo y las piernas. Novecientos hombres de los más robustos tiraron de estas cuerdas por medio de poleas fijadas en las vigas, y asÃ, en menos de tres horas, fui levantado, puesto sobre la máquina y en ella atado fuertemente. Todo esto me lo contaron, porque mientras se hizo esta operación yacÃa yo en profundo sueño, debido a la fuerza de aquel medicamento soporÃfero echado en el vino. Mil quinientos de los mayores caballos del emperador, altos, de cuatro pulgadas y media, se emplearon para llevarme hacia la metrópolis, que, como ya he dicho, estaba a media milla de distancia.