Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver El reino es una península limitada al Norte por una cadena de montañas de treinta millas de altura, que son por completo infranqueables a causa de los volcanes que hay en las cimas. No sabe el más culto qué clases de mortales viven del otro lado de aquellas montañas, ni si hay o no habitantes. Por los otros tres lados, la península confina con el mar. No hay un solo puerto en todo el litoral, y aquellas partes de las costas por donde vierten los ríos están de tal modo cubiertas de rocas puntiagudas, y el mar tan alborotado de ordinario, que aquellas gentes no pueden arriesgarse en el más pequeño de sus botes, y, así, viven imposibilitadas de todo comercio con el resto del mundo. Pero los grandes ríos están llenos de embarcaciones y abundan en pesca excelente. Rara vez pescan en el mar, porque los peces marinos tienen el mismo tamaño que en Europa, y, por lo tanto, no merecen para ellos la pena de cogerlos. Por donde resulta indudable que la Naturaleza ha limitado por completo la producción de plantas y animales de volumen tan extraordinario a este continente, por razones cuya determinación dejo a los filósofos. Sin embargo, alguna que otra vez cogen una ballena que aconteció estrellarse contra las rocas y que la gente ordinaria come con deleite. He visto algunas de estas ballenas tan grandes que apenas podía llevarlas a costillas un hombre, y a veces, como curiosidad, las transportan a Lorbrulgrud en cestos. He visto una en una fuente en la mesa del rey, que se tenía por excepcionalmente grande; pero a él no pareció gustarle mucho, sin duda porque le desagradaba su grandeza, aunque yo he visto una algo mayor en Groenlandia.