Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Para confirmar esto que acabo de decir, y mostrar además los desdichados efectos de una educación limitada, referiré un episodio que apenas será creÃdo. Con la esperanza de congraciarme más con Su Majestad, le hablé de un descubrimiento, realizado hacÃa de trescientos a cuatrocientos años, para fabricar una especie de polvo tal, que si en un montón de él caÃa la chispa más pequeña todo se inflamaba, asà fuese tan grande como una montaña, y volaba por los aires, con ruido y estremecimiento mayores que los que un trueno produjera. Le añadà que una cantidad de este polvo, ajustada en el interior de un tubo de bronce o hierro proporcionada al tamaño, lanzaba una bola de hierro o plomo con tal violencia y velocidad, que nada podÃa oponerse a su fuerza; que las balas grandes asà disparadas no sólo tenÃan poder para destruir de un golpe filas enteras de un ejército, sino también para demoler las murallas más sólidas y hundir barcos con mil hombres dentro al fondo del mar; y si se las unÃa con una cadena, dividÃan mástiles y aparejos, partÃan centenares de cuerpos por la mitad y dejaban la desolación tras ellas. Añadà que nosotros muchas veces llenábamos de este polvo largas bolas huecas de hierro y las lanzábamos por medio de una máquina dentro de una ciudad a la que tuviésemos puesto sitio, y al caer destrozaba los pavimentos, derribaba en ruinas las casas y estallaba, arrojando por todos lados fragmentos que saltaban los sesos a quienes estuvieran cerca. DÃjele además que yo conocÃa muy bien los ingredientes, comunes y baratos; sabÃa hacer la composición y podÃa dirigir a los trabajadores de Su Majestad en la tarea de construir aquellos tubos de un tamaño proporcionado a todas las demás cosas del reino. Los mayores no tendrÃan que exceder de cien pies de longitud, y veinte o treinta de estos tubos, cargados con la cantidad adecuada de polvo y balas, podrÃan batir en pocas horas los muros de la ciudad más fuerte de los dominios de Su Majestad, y aun destruir la metrópoli entera si alguna vez se resistiera a cumplir sus órdenes absolutas. Humildemente ofrecà esto al rey como pequeño tributo de agradecimiento por las muchas muestras que habÃa recibido de su real favor y protección.