Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Llevaba ya dos años en aquel país, y hacia el principio del tercero, Glumdalclitch y yo acompañábamos al rey y a la reina en un viaje a la costa Sur del reino. A mí me llevaban, según costumbre, en mi caja de viaje, que, como ya he referido, era un muy cómodo gabinete de doce pies de anchura. Yo había mandado que me colgaran una hamaca con cuerdas de seda sujetas a los cuatro ángulos superiores a fin de amortiguar los vaivenes cuando un criado me llevaba delante de él en el caballo, como muchas veces solicité, y con frecuencia dormía en ella cuando estábamos en camino. En el techo de mi gabinete, justamente sobre el centro de la hamaca, abrió el carpintero por encargo mío un agujerito de un pie cuadrado para que me entrara aire en tiempo caluroso mientras dormía, agujero que yo cerraba y abría a voluntad con un tablero que se deslizaba por una muesca.