Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver No llevaba en casa arriba de diez dÃas, cuando el capitán William Robinson, de Cornwall, comandante del Hope Well, sólido barco de trescientas toneladas, se presentó a verme. Yo habÃa sido ya médico en otro barco que él patroneaba, y navegado a la parte, con un cuarto del negocio, durante una travesÃa a Levante. Me habÃa tratado siempre más como a hermano que como a subordinado, y, enterado de mi llegada, quiso hacerme una visita, puramente de amistad por lo que pensé, ya que en ella sólo ocurrió lo que es natural después de largas ausencias. Pero repetÃa sus visitas, expresando su satisfacción por encontrarme con buena salud, preguntando si me habÃa establecido ya por toda la vida y añadiendo que proyectaba una travesÃa a las Indias orientales para dentro de dos meses; viniendo, por último, a invitarme francamente, aunque con algunas disculpas, a que fuese yo el médico del barco. DÃjome que tendrÃa otro médico a mis órdenes, aparte de nuestros dos ayudantes; que mi salario serÃa doble de la paga corriente, y que, como sabÃa que mis conocimientos, en cuestiones de mar por lo menos, igualaban los suyos, se avendrÃa a cualquier compromiso de seguir mi consejo en iguales términos que si compartiésemos el mando.