Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Si acontece que alguna ciudad se alza en rebelión o en motÃn, se entrega a violentos desórdenes o se niega a pagar el acostumbrado tributo, el rey tiene dos medios de reducirla a la obediencia. El primero, y más suave, consiste en suspender la isla sobre la ciudad y las tierras circundantes, con lo que quedan privadas de los beneficios del sol y de la lluvia, y afligidos, en consecuencia, los habitantes, con carestÃas y epidemias. Y si el crimen lo merece, al mismo tiempo se les arrojan grandes piedras, contra las que no tienen más defensa que zambullirse en cuevas y bodegas, mientras los tejados de sus casas se hunden, destrozados. Pero si aún se obstinaran y llegasen a levantarse en insurrecciones, procede el rey al último recurso; y es dejar caer la isla derechamente sobre sus cabezas, lo que ocasiona universal destrucción, lo mismo de casas que de hombres. No obstante, es éste un extremo a que el prÃncipe se ve arrastrado rara vez, y que no gusta de poner por obra, asà como sus ministros tampoco se atreven a aconsejarle una medida que los harÃa odiosos al pueblo y serÃa gran daño para sus propias haciendas, que están abajo, ya que la isla es posesión del rey.