Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver A los pocos días volvimos a la ciudad, y Su Excelencia, teniendo en cuenta la mala fama que en la Academia tenía, no quiso ir conmigo, pero me recomendó a un amigo suyo para que me acompañase en la visita. Mi buen señor se dignó presentarme como gran admirador de proyectos y persona de mucha curiosidad y fácil a la creencia, para lo que, en verdad, no le faltaba del todo razón, pues yo había sido también algo arbitrista en mis días de juventud.