Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Estaba un ingeniosísimo arquitecto que había discurrido un nuevo método de edificar casas empezando por el tejado y trabajando en sentido descendente- hasta los cimientos, lo que justificó ante mí con la práctica semejante de dos tan prudentes insectos como la abeja y la araña.
Había un hombre, ciego de nacimiento, que tenía varios discípulos de su misma condición y los dedicaba a mezclar colores para pintar, y que su maestro les había enseñado a distinguir por el tacto y el olfato. Fue en verdad desgracia mía encontrarlos en aquella ocasión no muy diestros en sus lecciones, y aun al mismo profesor le acontecía equivocarse generalmente. Este artista cuenta en el más alto grado con el estímulo y la estima de toda la hermandad.