Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Además, como es general la queja de que los favoritos de prÃncipes padecen de muy flaca memoria, proponÃa el mismo doctor que aquel que estuviese al servicio de un primer ministro, después de haberle dado conocimiento de los asuntos con la mayor brevedad y las más sencillas palabras posibles, diese al tal un tirón de narices o un puntapié en el vientre, o le pisase los callos, o le tirase tres veces de las orejas, o le pasase con un alfiler los calzones y algunos puntos más, o le pellizcase en un brazo hasta acardenárselo, a fin de evitar el olvido; operación que debÃa repetir todos los dÃas cuando el ministro se levantara, hasta que el asunto se hiciese o fuera totalmente rechazado.
Igualmente pretendÃa que a todo senador del gran consejo de un paÃs, una vez que hubiese dado su opinión y argüÃdo en defensa de ella, se le obligase a votar justamente en sentido contrario; pues si esto se hiciera, el resultado conducirÃa infaliblemente al bien público.