Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver ConstituÃan el espectáculo más doloroso que he contemplado en mi vida, y las mujeres, más aún que los hombres. Sobre las deformidades naturales en la vejez extrema, adquirÃan una cadavérica palidez, más acentuada cuantos más años tenÃan, de que no puede darse idea con palabras. Entre media docena distinguà en seguida cuál era la más vieja, aunque no se llevaban unas de otras arriba de un siglo o dos.
El lector podrá con facilidad creer que, a causa de lo que acababa de mirar y oÃr, menguó mucho mi apetito de vivir eternamente. Me avergoncé muy de veras de las agradables ilusiones que habÃa concebido, y pensé que no habÃa tirano capaz de inventar una muerte en que yo no me precipitase con gusto huyendo de tal vida. Supo el rey todo lo pasado entre mis amigos y yo, e hizo de mà gran donaire. DÃjome que serÃa de desear que enviase a mi paÃs una pareja de struldbrugs para armar a nuestras gentes contra el miedo a la muerte. Pero esto, a lo que parece, está prohibido por las leyes fundamentales del reino; de otro modo, hubiese echado sobre mà con gusto el precio y la molestia de transportarlos.