Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver El 9 de junio de 1709 llegué a Nangasac, después de muy larga y molesta travesÃa. Pronto caà en la compañÃa de unos marineros holandeses pertenecientes al Amboyna, de Amsterdam, sólido barco de cuatrocientas cincuenta toneladas. Yo habÃa vivido mucho tiempo en Holanda, con ocasión de hallarme estudiando en Leyden y hablaba bien el holandés. Los marinos supieron pronto de dónde llegaba y mostraron curiosidad por averiguar mis viajes y mi vida. Les conté una historia tan corta y verosÃmil como pude, pero ocultando la mayor parte. ConocÃa muchas personas en Holanda y pude inventarme nombres para mis padres, de quienes dije que eran gente obscura de la provincia de Gelderland. Hubiera podido pagar al capitán -un tal Teodoro Vangrult- lo que me hubiese pedido por el viaje a Holanda; pero enterado él de que yo era cirujano, se conformó con la mitad del precio corriente a cambio de que le prestase los servicios de mi profesión. Antes de embarcar me preguntaron muchas veces algunos de los tripulantes si habÃa cumplido la ceremonia a que ya he hecho referencia. Evadà la respuesta diciendo en términos vagos que habÃa satisfecho al emperador y a la corte en todo lo preciso. Sin embargo, un bribonazo paje de escoba se acercó a un oficial y, apuntándome con el dedo, dÃjole que yo no habÃa aún hollado el crucifijo; pero el otro, ya advertido para dejarme pasar, dio al tunante veinte latigazos en las espaldas con un bambú; después de lo cual no volvió a molestarme nadie con tales preguntas.