Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver »Noveno. Finalmente, bajo su solemne juramento de cumplir todos los anteriores artículos, el citado Hombre-Montaña dispondrá de un suministro diario de comida y bebida suficiente para el mantenimiento de 1.724 de nuestros súbditos, y gozará libre acceso a nuestra real persona y otros testimonios de nuestra gracia. Dado en nuestro palacio de Belfaborac, el duodécimo día de la nonagésimaprimera luna de nuestro reinado.»
Juré y suscribí estos artículos con gran contento y alborozo, aun cuando algunos no eran tan honrosos como yo podía haber deseado, lo que procedía enteramente de la mala voluntad de Skyresh Bolgolam, el gran almirante. Inmediatamente después me soltaron las cadenas y quedé en completa libertad. El mismo emperador en persona me hizo el honor de hallarse presente a toda la ceremonia. Mostré mi reconocimiento postrándome a los pies de Su Majestad, pero él me mandó levantarme; y después de muchas amables expresiones, que no referiré por que no se me tache de vanidoso, agregó que esperaba que yo fuese un útil servidor y que mereciese todas las gracias que ya me había conferido y otras que pudiera conferirme en lo futuro.