Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Como yo conozco la humana naturaleza mucho mejor de lo que supongo que pudiera conocerla mi amo, me era fácil aplicar las referencias que él me daba de los yahoos a mà mismo y a mis compatriotas, y pensaba que podrÃa hacer ulteriores descubrimientos por mi cuenta. A este fin, le pedÃa frecuentemente el favor de que me dejase ir con las manadas de yahoos del vecindario, a lo que amablemente siempre accedÃa, en la seguridad de que la repugnancia que yo sentÃa hacia aquellos animales no permitirÃa nunca que me corrompiesen; su señorÃa mandaba a uno de sus criados -un fuerte potro alazán, muy honrado y complaciente- que me guardase, sin cuya protección no me hubiese atrevido a tales aventuras, Porque ya he dicho al lector en qué modo fui atacado por aquellos animales odiosos a raÃz de mi llegada; y después, dos o tres veces estuve a punto de caer entre sus garras, con ocasión de andar vagando a alguna distancia sin mi alfanje. TenÃa además razones para creer que ellos sospechaban que yo era de su misma especie, lo que confirmaba a menudo subiéndome las mangas y mostrando a su vista los brazos y el pecho desnudo cuando mi protector estaba conmigo. En tales ocasiones se acercaban todo lo que se atrevÃan y remedaban mis acciones a la manera de los monos, pero siempre con signos de odio profundo, como un grajo domesticado y ataviado con gorro y calzas es perseguido siempre por los bravÃos cuando le echan entre ellos.