Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver En medio de mi felicidad, y cuando ya me consideraba absolutamente establecido para toda mi vida, mi amo envió a buscarme una mañana algo más temprano de lo que tenía por costumbre. Le noté en la cara que estaba algo indeciso y sin saber cómo empezar lo que tenía que hablarme. Después de un breve silencio díjome que no sabía cómo tomaría lo que iba a notificarme, y era que en la última asamblea general, al discutirse la cuestión de los yahoos, los representantes habían tomado a ofensa que él tuviese un yahoo -por mí- en su familia más como un houyhnhnm que como una bestia; que se sabía que él conversaba frecuentemente conmigo, como si recibiera con mi compañía alguna ventaja o satisfacción, y que tal práctica no era conforme con la razón ni la naturaleza, ni cosa que se hubiese oído hasta entonces en el país. En consecuencia, la asamblea le había exhortado para que me emplease como el resto de mi especie o me mandase volverme a nado al lugar de donde hubiese ido. El primero de estos expedientes fue rechazado abiertamente por todos los houyhnhnms que me habían visto alguna vez en su casa o en la de ellos, pues alegaban que, teniendo yo algunos rudimentos de razón junto con la perversidad de aquellos animales, era de temer que yo pudiese seducirlos para que se internasen en los bosques y se huyeran a las montañas del país y acudiesen de noche a destruir el ganado de los houyhnhnms, siendo, como eran por naturaleza, rapaces y contrarios al trabajo.