Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver Sus nociones respecto de los deberes de padres e hijos difieren extremadamente de las nuestras. De ningún modo conceden que un niño está obligado a su padre por haberlo engendrado, ni a su madre por haberlo traÃdo al mundo; lo cual, teniendo en cuenta las miserias de la vida humana, no es un beneficio en sà mismo, ni tampoco fue la intención de sus padres, cuyo pensamiento durante sus lides amorosas tenÃa bien distinta ocupación. Por estos y otros parecidos razonamientos, es su opinión que los padres son los últimos a quienes debe confiarse la educación de sus propios hijos, y, en consecuencia, hay en cada edad establecimientos públicos, adonde todos los padres, con excepción de los aldeanos y los labradores, están obligados a llevar a sus pequeños de uno y otro sexo para que los crÃen y eduquen asà que llegan a la edad de veinte lunas, tiempo en que ya se les suponen algunos rudimentos de docilidad. Estos seminarios son de varias categorÃas, acomodadas a las diferentes clases, y para ambos sexos. Tienen profesores especialmente hábiles en la educación de niños para la condición de vida conveniente a la alcurnia de sus padres y a la propia capacidad de cada uno, asà como a las particulares inclinaciones. Diré primero algo de los establecimientos para varones, y luego de los de hembras.