Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver »Reldresal, secretario principal de Asuntos Privados, que siempre se proclamó vuestro amigo verdadero, fue requerido por el emperador para que expusiera su opinión sobre este punto, como asà lo hizo, y con ello acreditó el buen concepto en que le tenéis. Convino en que vuestros crÃmenes eran grandes, pero que, no obstante, habÃa lugar para la gracia, la más loable virtud en los prÃncipes, y por la cual Su Majestad era tan justamente alabado. Dijo que la amistad entre vos y él era tan conocida en todo el mundo, que quizá el ilustrÃsimo tribunal tuviera su juicio por interesado. Sin embargo, obedeciendo al mandato que habÃa recibido, descubrirÃa libremente sus sentimientos. Si Su Majestad, en consideración a vuestros servicios y siguiendo su clemente inclinación, se dignara dejaros la vida y dar orden solamente de que os sacaran los dos ojos, él suponÃa, salvando los respetos, que con esta medida la justicia quedarÃa en cierto modo satisfecha y todo el mundo aplaudirÃa la benignidad del emperador, asà como la noble y generosa conducta de quienes tenÃan el honor de ser sus consejeros. La pérdida de vuestros ojos -argumentaba él- no servirÃa de impedimento a vuestra fuerza corporal, con la que aun podÃais ser útil a Su Majestad. La ceguera aumenta el valor ocultándonos los peligros, y el miedo que tuvisteis por vuestros ojos os fue la mayor dificultad para traer la flota enemiga. Y, finalmente, que os serÃa bastante ver por los ojos de los ministros, ya que los más grandes prÃncipes no suelen hacer de otro modo.