Los Viajes de Gulliver
Los Viajes de Gulliver »Pero Su Majestad Imperial, resueltamente dispuesto en contra de la pena capital, se dignó graciosamente decir que, cuando al Consejo le pareciese la pérdida de vuestros ojos un castigo demasiado suave, otros había que poderos infligir después. Y vuestro amigo el secretario, pidiendo humildemente ser oído otra vez, en respuesta a lo que el tesorero había objetado en cuanto a la gran carga que pesaba sobre su Majestad con manteneros, dijo que Su Excelencia, que por sí solo disponía de las rentas del emperador, podía fácilmente prevenir este mal con ir aminorando vuestra asignación, de modo que, falto de alimentación suficiente, fuerais quedándoos flojo y extenuado, perdierais el apetito y os consumierais en pocos meses. Tampoco sería entonces -tan peligroso el hedor de vuestro cadáver, reducido como estaría a menos de la mitad; e inmediatamente después de vuestra muerte, cinco o seis mil súbditos de Su Majestad podían en dos o tres días quitar toda vuestra carne de vuestros huesos, transportarla a carretadas y enterrarla en diferentes sitios para evitar infecciones, dejando el esqueleto como un monumento de admiración para la posteridad.