La Cosecha
La Cosecha Cogiéndome de la mano, contigo me arrastraste, sentándome en el trono a la vista de los hombres. Me hice tÃmido, incapaz, inútil para la acción y para emprender el camino. De todo dudaba y, a cada paso, recelaba de mà mismo, temeroso de pisar una espina y perder el favor humano.
Mas volteó la piedra, estalló el insulto y mi silla rodó, humillada, por el suelo. ¡Estuve libre, al fin! Abriéronseme los caminos y mis alas, ebrias de libertad, desplegáronse en el cielo. Me marché con las estrellas errantes a hundirme en la profundidad de la noche. Fui como la nube del verano en pleno huracán, que se despoja de su áurea corona y ciñe el rayo, cual una espada, en la cadena de relámpagos. ¡Con cuánta alegrÃa corro por el polvoriento camino de los desdeñados en pos de mi anhelado fin!
El niño recién conoce a su madre cuando sale de su vientre. Ahora que estoy lejos de ti, arrojado de tu morada, ¡cómo veo de bien tu rostro!
