La Cosecha
La Cosecha Como no conocía aún a mi rey, atrevido, creí que podría esconderme y no pagar mi tributo.
Luego de mi diaria labor y tras el sueño de cada noche, huía y huía. Mas, en cuanto me detenía para tomar aliento, veía su mano amenazadora. Así llegué a comprender que él me conocía y que no había en el mundo un rincón donde pudiera ocultarme.
Ahora, en cambio, no anhelo sino depositar a sus pies cuanto poseo y conquistar mi derecho a disfrutar de paz en un lugar de su reino.
