La Cosecha
La Cosecha Vaga esta noche por el mar el marino, y el mar está enloquecido.
El mástil se lamenta, con el velamen inflado por el huracán. Envenenado de terror, el cielo ha sido devorado por las fauces de la noche. Las olas rompen sus cabezas contra los arrecifes de lo desconocido. Vaga el marino por el mar enloquecido...
¿Para qué ha ido al mar el marino? ¿Por qué espanta a la negra noche con la fúlgida blancura de su velamen? Ignoro dónde desembarcará; no sé si des- embarcará; si llegará otra vez al hogar silencioso, donde ella le aguarda, a la luz de la lámpara, sentada en tierra...
¿Qué busca el marino que arriesga su embarcación librándola a la tormenta y a las sombras? ¿Va cargada, acaso, de perlas y diamantes?
¡No, no! Sólo sé que el marino lleva una blanca rosa en la mano y que en sus labios florece una canción para aquella que lo aguarda, a la luz de la lámpara, sentada en tierra.
En la choza que está a la vera del sendero vive ella. Tiene suelta al viento su cabellera; y la cabellera, revuelta, le oculta los ojos.
