El estado judÃo
El estado judÃo Asà no se ha de proceder en el nuevo paÃs judÃo. Los terrenos de provincia y ciudades serán rematados. Y el pago no será en dinero, como se pudiera creer, sino en trabajo. Se habrá determinado, de acuerdo con el plan general, calles, puentes, distribución de aguas, etc., necesarios para el tránsito. Todo esto se hará por provincias. En el interior de las mismas, los terrenos serán rematados de manera similar. Los grupos locales contraen la obligación de ejecutar todo como es debido. Ellos corren con los gastos, creando impuestos autónomos. La Society se hallará en condiciones de saber de antemano si los grupos locales no se exceden en sacrificios. Las grandes comunidades obtienen amplios campos donde pueden desenvolver su actividad. En recompensa por los sacrificios extraordinarios, obtendrán ciertas recompensas como ser: universidades, escuelas profesionales, escuelas superiores, institutos de experimentación, etc., y las instituciones del Estado, que no deben estar en la capital, serán diseminadas por el paÃs.
Del fiel cumplimiento de las obligaciones responderá el propio interés de los primeros inmigrantes y, en caso de necesidad, los vecinos del grupo. Pues asà como no podemos, ni queremos suprimir la diferencia entre los individuos, asà continuará existiendo la diferencia entre los grupos locales. Todos los derechos adquiridos serán protegidos, todo despliegue nuevo de energÃas, tendrá suficiente campo de acción.