El estado judÃo
El estado judÃo Quizás alguien piense en la dificultad que significa el que tengamos más de un idioma común. Sin embargo, no podemos hablar hebreo entre nosotros. ¿Quién de nosotros lo sabe lo bastante como para pedir un boleto de tren? No hay quien pueda hacerlo. Con todo, la cosa es muy sencilla. Cada cual conserva su idioma, que es la querida patria de sus pensamientos. Suiza constituye un ejemplo decisivo de la posibilidad de una federalismo lingüÃstico. Seguiremos siendo, en el nuevo paÃs, tales como somos ahora; nunca dejaremos de amar con melancolÃa nuestras patrias, de las que fuimos expulsados.
Nos desacostumbraremos de las marchitas y estropeadas jergas, idiomas del gueto, de las que nos servimos actualmente. Eran los idiomas clandestinos de los cautivos. Nuestros maestros se ocuparán de esto. El idioma que sea más empleado en la vida de relación se impondrá, sin violencia, como idioma principal. La unidad de nuestro pueblo, es por cierto, única. En verdad nos reconocemos como pertenecientes al mismo pueblo tan sólo por la fe paterna.
