El estado judío
El estado judío En el penúltimo capítulo afirmé que la Jewish Company organiza, en el nuevo país, las relaciones económicas. Creo conveniente intercalar algunas aclaraciones al respecto. Un esbozo de esta naturaleza está amenazado, en sus fundamentos, ni bien las gentes “prácticas” se pronuncian contra él. Ahora bien, las gentes prácticas son, generalmente, sólo rutinarios incapaces de salir de un viejo y estrecho círculos de nociones. Pero su oposición es de importancia y puede dañar mucho a lo nuevo, al menos mientras lo nuevo no sea lo bastante fuerte como para abatir las frágiles opiniones de los espíritus prácticos.
Cuando en Europa aparecieron los ferrocarriles, hubo espíritus prácticos que declararon locura la construcción de ciertas líneas “porque ni siquiera la diligencia tenía allí bastante pasajeros”. No se conocía, en ese entonces, la verdad que hoy nos resulta de una sencillez infantil: que no son los viajeros los que hacen surgir el ferrocarril sino, por el contrario, es el ferrocarril el que hace surgir a los viajeros, si se presupone la necesidad latente.
