El estado judío
El estado judío Naturalmente, para ello será necesaria la ayuda expresa y decidida de los gobiernos interesados.
Hasta aquí se ha mostrado tan sólo cómo ha de organizarse la emigración, sin que suscite trastornos económicos. Pero una emigración de esta índole entraña también muchas fuertes y hondas conmociones anímicas. Existen viejas costumbres, recuerdos que nos ligan íntimamente con los lugares. Tenemos cunas; tenemos tumbas y es sabido lo que son las tumbas para el corazón judío. Las cunas, las llevaremos con nosotros; en ellas dormita, rosado y sonriente, nuestro futuro. Nuestras queridas tumbas tendremos que abandonarlas, de ellas nos resultará dificilísimo separarnos, según creo, a nosotros, que somos un pueblo ávido de bienes. Pero tendremos que hacerlo.
Ya nos alejan de nuestros lugares de residencia y de nuestras tumbas la necesidad económica, la presión política y el odio de la sociedad. Ya hoy se trasladan judíos a cada momento, de un país a otro; una fuerte corriente hasta atraviesa el mar para dirigirse a los Estados Unidos, donde tampoco se nos quiere. ¿Dónde se nos querrá hasta que no tengamos una patria propia?
