El estado judÃo
El estado judÃo Pero queremos darles a los judÃos una patria. No arrancándolos violentamente del terruño, sino alzándolos cuidadosamente con toda su raigambre y transportándolos a otro suelo mejor. Tal como queremos crear una nueva posición en los campos económicos y polÃticos, asà pensamos santificar todo lo viejo en el campo de los sentimientos. Referente a ello contentémonos con algunas indicaciones. En este punto está el peligro más grande de que el plan sea tomado por una fantasÃa. Sin embargo también esto es posible y realizable, sólo que en la realidad se presenta como algo confuso e ineficaz. Por medio de la organización puede resultar razonable.
Nuestras gentes han de emigrar juntas, en grupos. En grupo de familias y de amigos. A nadie se le obliga a agregarse al grupo del lugar en que ha vivido hasta ahora. Cada cual, después de haber liquidado sus asuntos, puede viajar como quiera. Cada cual lo hace, ciertamente, por cuenta propia, en la clase de ferrocarril y de buque que más le place. La diferencia de fortunas perturba, en tan largos viajes, a los más pobres. Y aunque no llevamos a nuestras gentes a una diversión, no queremos, sin embargo, turbarles su buen humor en el viaje.
