El estado judÃo
El estado judÃo Del debido alojamiento de los más pobres cuidará la correspondiente oficina de la Company. Más tarde, cuando emigren las gentes acomodadas, la necesidad consiguiente, que es muy fácil de prever, ya habrá movido a empresarios privados a construir hoteles. Los emigrantes de posición holgada, ya se habrán hecho construir antes sus residencias, de manera que sólo tendrán que trasladarse de la vieja casa abandonada a la nueva que ya está lista.
No tenemos que indicarle su tarea a nuestros intelectuales. Todo el que se adhiera a la idea nacional sabrá cómo ha de obrar, en su cÃrculo, para propagar e incitar a la colaboración activa. Sobre todo apelaremos a la colaboración de nuestros médicos espirituales.
Cada grupo tiene su rabino que acompañará a su comunidad. Todos se agrupan libremente. El grupo local se reúne en torno del rabino. Hay tantos grupos locales como rabinos. Los rabinos serán también los primeros en comprendernos, los primeros en entusiasmarse con la causa y, desde el púlpito, animarán a los demás. No se necesita convocar asambleas ni reuniones. La prédica se intercala en el servicio divino. Y asà ha de ser. Reconocemos nuestra conexión histórica sólo por la fe de nuestros padres porque, desde hace mucho, nos hemos adueñado de los idiomas de diversas naciones.
