El estado judío
El estado judío En la trasplantación de instituciones de beneficencia, como en muchos otros puntos de este plan, se ofrece nuevamente la ocasión de hacer un intento en favor de la humanidad entera. Nuestra desordenada beneficencia privada hace poco bien en relación a los grandes gastos. Las instituciones de beneficencia pueden y deben adaptarse a un sistema según el cual se complementen mutuamente. En una sociedad nueva puede crearse esta organización tomando como base la conciencia moderna y todas las experiencias político-sociales. El asunto es muy importante para nosotros porque tenemos muchos mendigos. Los débiles de carácter entre nuestras gentes, se abandonan fácilmente a la mendicidad debido a la presión exterior que los desanima y a la caridad indulgente de los ricos que los echa a perder. La Society, ayudada por los grupos locales, prestará la mayor atención a la educación del pueblo en lo tocante a esto. Para muchas fuerzas que se marchitan inútilmente se creará, sin duda, un terreno fértil. El que tenga solamente buena voluntad ha de ser empleado convenientemente. No se tolerará a los mendigos. El que no quiera trabajar por su cuenta, lo hará en la casa de corrección. Pero nos oponemos a mandar a los viejos a los asilos.