Ana Karenina
Ana Karenina
La recepción de Palacio habÃa terminado.
Al marchar, todos comentaban las últimas noticias, los honores otorgados y los cambios de destino de varios altos funcionarios.
–¿Qué dirÃa usted si a la condesa MarÃa Borisvna le hubieran dado el ministerio de la Guerra y nombrado jefe de Estado Mayor a la princesa Vatkovskaya? ––decÃa un anciano de uniforme bordado en oro a una dama de honor, alta y bella, que le preguntaba por los nuevos nombramientos.
–Que en este caso me habrÃan debido de nombrar a mà ayudanta de regimiento –repuso, sonriendo, la dama de honor.
–Para usted hay otro destino: el ministerio de Cultos, con Karenin como ayudante.
Y el anciano saludó a un hombre que se acercaba:
–Buenos dÃas, PrÃncipe.
–¿Qué decÃan de Karenin? –preguntó el PrÃncipe.
–Que él y Putiakov han recibido la condecoración de Alejandro Nevsky.
–¿No la tenÃa ya?
–No. MÃrenle –dijo el anciano.