Ana Karenina
Ana Karenina –No sé; nunca he probado a estar en ellas mucho tiempo. Pero me pasa una cosa muy rara. Jamás he sentido tanta nostalgia por mi aldea de Rusia, con sus campesinos calzados con lapti , como después de pasar una temporada en Niza un invierno con mi madre. Como ustedes saben, Niza es muy aburrida. Nápoles y Sorrento son atractivos, mas para poco tiempo. Y nunca se recuerda tanto a nuestra Rusia como allÃ. Parece como si…
Vronsky se dirigÃa a Kitty y a Levin a la vez, mirando alternativamente al uno y al otro, con mirada afectuosa y tranquila. Se notaba que estaba diciendo lo primero que se le ocurrÃa.
Al observar que la condesa Nordston iba a hablar, dejó sin terminar la frase.
La conversación no languidecÃa. La Princesa no necesitó, por lo tanto, apelar a las dos piezas de artillerÃa pesada que reservaba para tales casos: la enseñanza clásica de la juventud y el servicio militar obligatorio.
Por su parte, a la condesa Nordston no se le presentó ocasión de mortificar a Levin.
Éste quiso intervenir varias veces en la charla, pero no se le ofreció oportunidad; a cada momento se decÃa «ahora me puedo marchar», pero no se iba y continuaba allà como si esperase algo.