Ana Karenina

Ana Karenina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Mas, aunque se esforzaba en estar tranquilo, sucedía lo mismo de antes. Su dedo oprimía el gatillo antes de apuntar bien. Todo iba de peor en peor.

Sólo tenía cinco piezas en el morral cuando salió de las marismas para dirigirse al álamo donde debía encontrar a Esteban Arkadievich.

Antes de divisarle, Levin vio a su perro, «Krak», que salió corriendo de entre las raíces de un álamo, sucio del barro negro y pestilente de la ciénaga. Con aspecto triunfante, olfateó a «Laska».

Detrás de «Krak», surgió, a la sombra del álamo, la gallarda figura de Oblonsky. Avanzaba rojo, sudoroso, con el cuello desabrochado, cojeando como antes.

–¡Qué! ¿Habéis disparado mucho? –dijo, sonriendo alegremente.

–¿Y tú? –preguntó Levin.

La pregunta era superflua, porque su amigo llevaba el morral rebosante.

–No me ha ido mal.

Llevaba catorce piezas.

–Es un excelente cazador. A ti seguramente te ha estorbado Veselovsky. Es muy molesto cazar dos con un solo perro –dijo Esteban Arkadievich, para atenuar el efecto de su triunfo.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker