Ana Karenina
Ana Karenina –SÃ, nosotros observamos una etiqueta demasiado rÃgida –comentó Ana, como excusándose por su elegancia–. Alexey está muy contento de tu llegada –dijo luego–. Nunca ni por nada le he visto tan feliz. Decididamente está enamorado de ti –añadió en tono de broma, sonriente–. ¿No estás cansada? –se interesó después.
Comprendieron que antes de la comida no podrÃan hablar nada.
Al entrar en el salón, ya encontraron allà a la princesa Bárbara y a los hombres, con levitas negras todos, excepto el arquitecto, que iba de frac.
Vronsky presentó a Dolly al encargado de su finca y también al arquitecto, aunque éste ya se lo habÃa presentado durante la visita al hospital.
Deslumbrante con su oronda y afeitada cara, su cuello y su camisa almidonados y el lacito de su corbata blanca, el mayordomo anunció que la comida estaba servida; y todos se dirigieron al comedor.
Vronsky pidió a Sviajsky que diese su brazo a Ana Arkadievna y él se acercó a Dolly. Veselovsky, adelantándose a Tuschkevich, ofreció el brazo a la princesa Bárbara; asà que Tuschkovich, el encargado de la finca y el doctor no tuvieron pareja y entraron solos.