Ana Karenina
Ana Karenina
–Por esto es aún más necesario normalizar tu situación si es posible –insistió Dolly.
–SÃ… Sà es posible… –dijo Ana en un tono completamente distinto, suave y tristemente.
–¿Es acaso imposible el divorcio? Me han dicho que tu marido consiente.
–Dolly, no quiero hablar de esto.
–Bien, no hablemos –se apresuró a decir Daria Alejandrovna, al ver la expresión de sufrimiento del rostro de Ana–. Veo –añadió– que tomas las cosas demasiado sombrÃamente.
–¿Yo? Nada de eso. Estoy muy alegre… muy contenta… Ya lo has visto. Je fais même des passions. Veselovsky.
–SÃ. Y, si he de decirte la verdad, no me gusta el tono de ese hombre –dijo Daria Alejandrovna, queriendo cambiar de conversación.–¡ Bah! Nada. Esto hace cosquillas a Alexey y nada más… Él es un chiquillo y le tengo absolutamente en mis manos. ¿Sabes? Hago de él lo que quiero. Es igual que tu Gricha…
De repente, Ana volvió al tema del divorcio:
–¡Dolly! Dices que me tomo las cosas demasiado sombrÃamente… No puedes comprender.. Es demasiado terrible… Lo que hago es esforzarme en no ver nada.
–Pues a mà me parece que es preciso mirar. Hay que hacer todo lo que sea posible.
