Ana Karenina
Ana Karenina
En esta nueva estancia en Moscú, Levin reanudó la gran amistad que le unÃa con su compañero de universidad, el profesor Katavasov, al cual no habÃa visto desde su casamiento.
Katavasov le atraÃa por la claridad y sencillez de sus ideas.
Levin pensaba que la claridad de pensamiento de Katavasov provenÃa de la escasez de ideas, mientras que el profesor pensaba que la falta de coordinación en los pensamientos de Levin era debida a indisciplina de su cerebro.
Pero la claridad de Katavasov le era agradable a Levin, como la abundancia de ideas indisciplinadas lo era para Katavasov, y los dos se encontraban y discurian con evidente satisfacción.
Levin le habÃa leÃdo algunas partes de su obra a su amigo, el cual la encontró de mucho interés.
El dÃa anterior, al encontrar a Levin en una conferencia pública, Katavasov le dijo que el famoso Metrov, uno de cuyos recientes artÃculos habÃan entusiasmado a Levin, se encontraba en Moscú y estaba muy interesado por lo que le habÃa dicho él de su obra; que al dÃa siguiente por la mañana, a las once, Metrov les esperarÃa en su casa y se alegrarÃa mucho de conocerle.