Ana Karenina

Ana Karenina

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El francés, en efecto, estaba dormido o fingía dormir.

Esteban Arkadievich pensó que en aquel mundo extraordinario si él se hubiera dormido habría ofendido a todos, mientras que, por el contrario, el sueño de Landau les alegraba extraordinariamente, sobre todo a la condesa Lidia Ivanovna.

La Condesa ponía un gran cuidado en no producir el menor ruido, recogíase incluso la falda de su vestido de seda, y estaba tan conmovida que, al dirigirse a Karenin, no le nombró como siempre Alexey Alejandrovich, sino que dijo:

–Mon ami, donnez-lui la main .

Al criado, que entraba de nuevo, le impuso silencio con un Psss de sus labios fruncidos, y le ordenó en voz muy baja:

–Diga que no recibo.

El francés dormía –o fingía dormir, como se ha dichocon la cabeza apoyada en el respaldo del sillón; y con una de sus manos, sudorosa, enrojecida (la otra reposaba sobre sus rodillas) hacía unos ligeros movimientos como si procurara coger algo al vuelo.

Alexey Alejandrovich se levantó. Lo hizo con gran cuidado, pero tropezó con la mesa, dio un traspiés, fue a parar cerca del francés y puso su mano sobre la diestra de éste.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker