Ana Karenina
Ana Karenina Por la mañana tuvo una horrible pesadilla que la había atormentado ya otra vez antes de sus relaciones con Vronsky. Un viejecillo con la barba mal peinada, inclinado sobre el lecho, manipulaba los hierros de la cama repitiendo unas palabras sin sentido. Y Ana, como siempre que tenía esta pesadilla (y en esto consistía precisamente todo el horror) sentía que el viejecillo no le prestaba atención, y continuaba manipulando los hierros de la cama.
Ana se despertó con un fuerte dolor de cabeza; inundada toda de sudor.
Cuando se levantó, recordó, muy vagamente, todo lo que la había ocurrido durante el día anterior.
«Hubo una discusión, lo que había habido tantas veces… Dije que tenía jaqueca y él no entró en mi habitación… Mañana nos vamos de aquí. Tengo que verle y prepararme para el viaje», se dijo.