Ana Karenina
Ana Karenina
«¡Se marchó! ¡Todo ha terminado!» , se dijo Ana.
Estaba en pie cerca de la ventana. Sus pensamientos, la oscuridad en que estaba la habitación por haberse apagado la luz y el recuerdo de la terrible pesadilla que habÃa tenido, llenaron su alma de terror.
«No, esto no puede ser», exclamó y, cruzando apresuradamente la habitación, oprimió el timbre con insistencia.
SentÃa ahora tanto miedo de estar sola que, sin esperar la llegada del criado, se dirigió al encuentro de éste.
–Entérese a dónde ha ido el Conde –le dijo.
El criado contestó que el Conde se dirigÃa a las cuadras
–El señor Conde –añadió– dijo, también, que el coche volverÃa en seguida por si la señora querÃa salir.
–Bien. Espere. Voy a escribir una carta, y la hará llevar por Mijailo a las cuadras inmediatamente.
Ana se sentó y escribió en un papel de cartas:
Tengo yo la culpa… Vuelve a casa… Tenemos que hablar… Por Dios, ven… Siento miedo…
