Ana Karenina
Ana Karenina «¿Qué es esto», dijo luego. « ¿Será que me he vuelto loca?»
Y corrió hacia el dormitorio donde Anuchka arreglaba algunas cosas.
–Anuchka –llamó.
Y no dijo más: se detuvo ante la doncella mirándola fijamente y sin recordar lo que iba a decirle.
–QuerÃa usted ir a ver a Daria Alejandrovna –dijo Anuchka, como ayudándole a recordar que era esto lo que querÃa decirle.
–¿A Daria Alejandrovna?… SÃ… iré… –respondió Ana distraÃdamente, mientras calculaba.
«Quince minutos en ir allÃ, quince para volver. Ya estará regresando… Ahora en seguida llegará.»
Sacó su reloj y lo miró para ver qué hora era.
«¿Y cómo pudo marcharse dejándome as� ¿Cómo puede vivir sin haberse reconciliado conmigo?» Se acercó a la ventana y se puso a mirar a la calle, esperando ver volver al criado o que llegara Vronsky.
«Quizá me haya equivocado en mis cálculos», pensó al ver que ni el criado ni él aparecÃan. Y en el momento en que se dirigÃa al salón para comprobar en el reloj de péndulo si el suyo iba bien, se oyó el ruido de un carruaje que se paraba ante la puerta.