Ana Karenina
Ana Karenina Después de haber leÃdo muchos libros, Levin se convenció de que los materialistas, cuyas ideas compartÃa, no daban a éstas ninguna significación particular, y en lugar de explicar estas cuestiones –sin cuya solución él no podÃa vivir–, se aplicaban a resolver otros problemas que no ofrecÃan para él el menor interés, como la evolución de los organismos, la explicación mecánica del alma y otras cosas por el estilo.
Además, durante el parto de su mujer, le habÃa sucedido un caso extraordinario. El incrédulo se habÃa puesto a rezar y entonces rezaba con fe. Pero pasado aquel momento, su estado de ánimo de entonces no consiguió hallar lugar alguno en su vida.
No podÃa reconocer que entonces habÃa alcanzado la verdad y que ahora se equivocaba, porque en cuanto comenzaba a reflexionar serenamente todo se le desmoronaba. Tampoco podÃa reconocer que habÃa errado al rezar, porque el recuerdo de aquel estado de ánimo le era querido, y, considerándolo como una prueba de debilidad, le habrÃa parecido que profanaba la emoción de aquellos instantes.
Esta lucha interior pesaba dolorosamente en su ánimo y Levin buscaba con todas sus fuerzas la solución.