Ana Karenina
Ana Karenina
A últimos de invierno, los Scherbazky tuvieron en su casa consulta de médicos, ya que la salud de Kitty inspiraba temores. Se sentÃa débil y con la proximidad de la primavera su salud no hizo más que empeorar.
El médico de la familia le recetó aceite de hÃgado de bacalao, hierro más adelante y, al fin, nitrato de plata.
Pero como ninguno de aquellos remedios dio buen resultado, el médico terminó aconsejando un viaje al extranjero.
En vista de ello, la familia resolvió llamar a un médico muy reputado. Éste, hombre joven aún y de buena presencia, exigió el examen detallado de la enferma. Insistió con una complacencia especial en que el pudor de las doncellas era una reminiscencia bárbara, y que no habÃa nada más natural que el que un hombre aunque fuera joven auscultara a una muchacha a medio vestir.
Él estaba acostumbrado a hacerlo cada dÃa y como no experimentaba, por tanto, emoción alguna, consideraba el pudor femenil no sólo como un resto de barbarie, sino también como una ofensa personal.
