Ana Karenina
Ana Karenina Tampoco el hermano mayor estaba contento. No le importaba qué clase de amor era aquel de su hermano, grande o no, con pasión o sin ella, casto o vicioso (él mismo, aun con hijos, entretenía a una bailarina y por ello miraba el caso con indulgencia, pero sí observaba que las relaciones de su hermano disgustaban a quienes no se puede disgustar, y éste era el motivo de que no aprobase su conducta).
Aparte del servicio y del gran mundo, Vronsky se dedicaba a otra cosa: los caballos, que constituían su pasión.
Aquel año se habían organizado carreras de obstáculos para oficiales y Vronsky se inscribió entre los participantes, después de lo cual compro una yegua inglesa de pura sangre. Estaba muy enamorado, pero ello no le impedía apasionarse por las próximas carreras.
Las dos pasiones no se estorbaban la una a la otra. Al contrario: le convenían ocupaciones y diversiones independientes de su amor que le calmasen a hiciesen descansar de aquellas impresiones que le agitaban con exceso.